Querido amigo: cuando recibas esta carta estaré sentado en mi pequeño planeta. Mi hermosa rosa se estirará desde su parterre y esbozará una sonrisa tan solo como ella es capaz de hacerlo, ¡qué hermosa es! Sigo deshollinando mis volcanes, no sea que algún día entren en erupción y sigo manteniendo a raya a mis baobabs. La vida en el Asteroide B612 sigue siendo apacible y tranquila. Hace mucho tiempo que dejé tu hermoso planeta y echo de menos sus puestas de sol, sus amaneceres, el sabor de la comida recién cocinada y la frescura del agua cuando tengo sed. Y sobre todo echo de menos a aquel zorro que supo domesticarme y a vosotros, los humanos, que sois capaces de realizar tan hermosas y a la vez tan oscuras cosas. Mi carta es para invitaros a un viaje especial. Me gustaría que fuerais capaces de conocerme y a la vez de conoceros. Es por eso que os invito a adentraros en mi mundo. Un mundo pequeño, hecho a mi medida. Os invito a leer y os invito a comunicaros conmigo. Recibiréis mis cartas a medida que leáis el libro, a las que espero contestación. Disfrutad de la lectura, como yo disfruto de mis numerosas puestas de sol. Un saludo. El Principito.

CAPÍTULO 26 y 27

 Junto al pozo había un viejo y ruinoso muro de piedras. Cuando al día siguiente volví por la tarde, desde lejos vi al principito sentado ahí arriba. Oí que hablaba.

–¿No te acuerdas? ¡No es exactamente aquí!

Alguien le respondió sin duda, porque él replicó:

–¡Sí, sí; sí es el día, pero no es este el lugar exacto…!

Intrigado proseguí mi marcha hacia el muro. No veía ni oía a nadie más. Sin embargo, el principito continuaba:

–¡Claro! Verás el comienzo de mis huellas sobre la arena. Sólo tienes que esperarme ahí. Estaré por la noche.

Estaba yo a unos veinte metros del muro y continuaba sin distinguir nada.

El principito, después de un silencio, dijo aún:

–¿Tienes buen veneno? ¿Estás segura que no me harás sufrir mucho tiempo?

Me detuve con el corazón acongojado, siempre sin comprender.

–¡Ahora vete –dijo el principito– quiero volver a bajarme!




Entonces bajé la mirada al pie del muro e instintivamente di un brinco. Una serpiente amarilla, de esas que matan a una persona en pocos segundos, se erguía en dirección al principito. Empecé a correr mientras sacaba mi revólver. La serpiente al sentir el peligro, se deslizó suavemente por la arena y se escurrió entre las piedras con un ligero sonido metálico.

Llegué justo a tiempo de recibir en brazos a mi principito, que estaba blanco como la nieve.

–¿Pero qué historia es ésta? ¿Ahora hablas con las serpientes?

Le aflojé su bufanda dorada, le humedecí las sienes, le di de beber y no me atreví a preguntar más. Me miró gravemente rodeándome el cuello con sus brazos. Sentí el latido de su corazón, como el de un pajarillo herido.

–Me alegra –dijo el principito– que hayas terminado de reparar tu avión. Ahora podrás volver a tu casa...

–¿Cómo lo sabes?

Precisamente venía a avisarle que, casi contra toda esperanza, había logrado terminar el arreglo.

No respondió a mi pregunta, sino que añadió:

-–Yo también hoy regreso a mi casa...

Luego, con nostalgia:

–Es mucho más lejos... y bastante más difícil...

Sabía que algo extraño estaba ocurriendo.

Le estreché entre mis brazos como si fuera un niño pequeño. No obstante, al ver su mirada que se perdía en la lejanía, sentí como si se escurriera en un abismo sin poder hacer nada por retenerlo.

–Tengo tu cordero y la caja para el cordero. Y tengo también el bozal. –Y sonrío con algo de melancolía.

Esperé un buen rato para que volviera a entrar en calor.

–Has tenido miedo, hombrecito...

Lo había tenido, sin duda. Sonrió con dulzura y dijo:

–Esta noche voy a tener más...

Nuevamente me quedé helado por la misma sensación de algo irreparable y comprendí lo difícil que sería no volver a oír aquella risa que era como una fuente en el desierto para mí.

–Hombrecito, quiero oírte reír otra vez...

Pero él me dijo:

–Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará justo sobre el lugar donde caí el año pasado...

–Le interrumpí: dime que toda esa historia de serpientes, citas y estrellas es sólo un mal sueño, una pesadilla.

Pero el principito dijo solamente:

–Lo más importante nunca se ve...

–Indudablemente.

–Es como la flor. Si amas a una flor que se encuentra en una estrella, es agradable mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido.

–Seguro.

–Es como el agua que me diste a beber ¡Era como una música! ¿Te acuerdas qué dulce era?

–Claro.

–Por la noche mirarás las estrellas; no te puedo señalar dónde se encuentra la mía  porque mi casa es muy pequeña. Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Entonces te agradará  mirar todas  las estrellas... Todas serán tus amigas. Y luego te voy a hacer un regalo...

Y rió una vez más.

–¡Ah, hombrecito, hombrecito, cómo me gusta oír tu risa!

–Precisamente ese será mi regalo… será como el agua...

–¿Qué quieres decir?

–La gente tiene estrellas pero no significan lo mismo para todos. Para algunos, los que viajan, las estrellas son sus guías. Para otros sólo son lucecitas. Para los sabios las estrellas son motivo de estudio y para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no dicen nada. Tú tendrás estrellas como nadie las ha tenido...

–Qué quieres decir?

–Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!

Y él volvió a reír.

–Cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana , así... por placer... Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando el cielo. Entonces les dirás: "Sí, las estrellas siempre me hacen reír", y ellos te creerán loco. Te  habré hecho una muy mala jugada...

Y volvió a reír.

–Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír...

Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio.

–¿Sabes? Esta noche no vengas...

–No me separaré de ti.

–Pensarás que sufro... Parecerá un poco que me muero... Así es. No vengas a verlo, no vale la pena...

–No te dejaré.

Pero él estaba algo intranquilo.

–También te lo digo por la serpiente; no quiero que te muerda. Las serpientes son malas y a veces muerden por puro gusto...

–He dicho que no te dejaré.

Pero algo le tranquilizó.

–Bueno, es verdad que no tienen veneno para el segundo mordisco...

Sin embargo, aquella noche salió muy sigiloso y sin hacer ruido. No lo sentí ponerse en camino.

Cuando al fin le alcancé, marchaba con paso rápido y decidido. Solamente dijo:

–¡Ah, estás ahí…!

Me tomó de la mano y volvió a expresar su preocupación:

–Has hecho mal en seguirme. Tendrás pena y sufrirás porque parecerá que estoy muerto y no será verdad...

Yo callaba.

–¿Comprendes? Es demasiado lejos. No puedo llevar mi cuerpo allí. Es demasiado pesado.

Seguí callado.

–Solo será como una vieja corteza abandonada. No son tristes las viejas cortezas.

Insistí en mi silencio. El principito se desalentó un poco, sin embargo, dijo:

–Será agradable ¿sabes? Yo también miraré las estrellas, todas serán pozos con roldanas cantarinas. Todas las estrellas me darán de beber. ¡Será divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes...

El principito también se quedó callado. Estaba llorando. 

 –Es allí; déjame ir solo

Y se sentó porque tenía miedo. Y dijo aún:

-Mi flor… ¿sabes?... soy responsable... ¡y ella es tan débil e ingenua! Sólo tiene cuatro espinas insignificantes para defenderse contra el mundo...

No pude mantenerme de pie… tuve que sentarme.

–Bien... eso es todo... dijo y aún titubeo un instante, luego se levantó y dio un paso. Yo continuaba inerte, sin poder moverme.

No hubo nada más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Quedó inmóvil un instante. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol. En la arena, ni siquiera hizo ruido.


CAPÍTULO 27

Y ahora, por cierto, han pasado ya seis años...Jamás he contado esta historia. Los camaradas que me encontraron se alegraron de volver a verme vivo. Estaba triste, pero les decía: "Es el cansancio..."

Al correr del tiempo me he consolado un poco, pero no completamente. Sé que ha vuelto a su planeta, pues al amanecer no encontré su cuerpo, que no era en realidad tan pesado... Y me gusta por la noche escuchar a las estrellas que suenan como quinientos millones de cascabeles...

Pero sucede algo que me inquieta. Al bozal que dibujé para el principito, se me olvidó añadirle la correa de cuero; no sé si habrá podido atárselo al cordero. Entonces me pregunto: "¿Qué habrá sucedido en su planeta? Quizás el cordero se ha comido la flor..."

A veces me digo: "¡Seguro que no! El principito la protege y vigila a su cordero". Entonces me siento dichoso y todas las estrellas ríen dulcemente.

Pero otras veces pienso: "Alguna que otra vez se distrae uno y eso basta. Si una noche ha olvidado poner el globo de vidrio o el cordero ha salido sin hacer ruido, durante la noche...". Y entonces los cascabeles se convierten en lágrimas...

Y ahí está el gran misterio. Para vosotros que también amáis al principito, como que para mí, nada en el universo sigue siendo igual si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido o no se ha comido una rosa...

Mirad cielo. Preguntas:¿el cordero, sí o no, ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia...

¡Ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto sea verdaderamente importante!


Éste es, para mí, el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo veáis bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego.

Mirad atentamente este paisaje a fin de estar seguros de que habréis de reconocerlo, si algún día, viajando por África, cruzáis el desierto. Y si llegáis a pasar por allí, os suplico: no os apresuréis; esperad un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño llega hacia vosotros, si ríe, si tiene cabellos de oro, sino responde cuando se le interroga, adivinaréis quién es. ¡Sed amables entonces! No me dejéis tan triste. Escribidme en seguida, decidme que el principito ha vuelto...

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